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Chicago: la gran ciudad que muchos pasan por alto en Estados Unidos

Hay una ciudad que combina arquitectura, gastronomía, deporte, cultura y espacios verdes con una personalidad propia que merece un lugar en cualquier itinerario.

Cuando alguien planea su primer viaje a Estados Unidos, el recorrido suele repetirse casi de memoria: Nueva York, Orlando, Miami o la Costa Oeste. Chicago rara vez aparece entre las primeras opciones. No porque no tenga atractivos, sino porque su ubicación la deja fuera de los circuitos más tradicionales.

Y, quizás, ahí radique su mayor virtud.

Lejos del ritmo frenético de Manhattan y de la imagen cinematográfica de California, Chicago ofrece una experiencia diferente. Es una ciudad que invita a caminarla, a descubrirla sin apuro y a sorprenderse con una mezcla de arquitectura, vida urbana y naturaleza difícil de encontrar en otro lugar del país.

Para Nicolás Barreto, director de Quality Travel, no hay dudas:

«En mi opinión es la ciudad más linda de Estados Unidos».

Una afirmación que puede parecer provocadora cuando se la compara con Nueva York, pero que encuentra argumentos a medida que uno empieza a recorrerla.

Chicago tiene una identidad propia. Sus rascacielos cuentan la historia del nacimiento de la arquitectura moderna, mientras que el lago Michigan le regala kilómetros de costa que, durante el verano, funcionan como auténticas playas urbanas. Pocas ciudades estadounidenses logran combinar semejante perfil urbano con espacios abiertos de esa magnitud.

A eso se suma el Riverwalk, un paseo sobre el río Chicago que cambió la relación de la ciudad con el agua y que hoy reúne restaurantes, ciclistas, corredores y vecinos que disfrutan del espacio público. Son esos lugares los que permiten entender por qué Chicago suele enamorar más cuando se la vive que cuando simplemente se la visita.

La ciudad también es un paraíso para quienes disfrutan de la arquitectura. Después del gran incendio de 1871, buena parte de Chicago debió reconstruirse prácticamente desde cero. Esa tragedia terminó convirtiéndose, con el paso del tiempo, en una oportunidad para experimentar con nuevas corrientes arquitectónicas que hoy pueden apreciarse en recorridos especialmente diseñados para descubrir la evolución de sus edificios.

Pero Chicago también tiene otra cara: la deportiva. Los Bulls, los Cubs, los Bears o los White Sox forman parte de una cultura donde asistir a un partido es casi una experiencia tan importante como visitar un museo. El deporte se vive con una intensidad que atraviesa generaciones y que termina siendo parte de la identidad de la ciudad.

Y si algo demuestra Chicago es que una gran ciudad no necesita vivir únicamente de sus monumentos. La gastronomía, por ejemplo, se transformó en otro de sus grandes atractivos. La famosa deep dish pizza, con su abundante queso y su particular forma de preparación, es mucho más que una curiosidad culinaria: representa una tradición local que todo visitante termina probando al menos una vez.

«Es una ciudad para caminar mucho»,

resume Barreto. Y probablemente esa sea la mejor recomendación posible. Porque Chicago se descubre recorriendo sus barrios, entrando a sus museos, caminando junto al lago o perdiéndose entre calles donde conviven edificios históricos, arte público y parques inmensos.

En los últimos años, además, series como The Bear, Chicago Fire o Chicago P.D. volvieron a poner a la ciudad en el mapa turístico. Sus escenarios ya forman parte de recorridos temáticos que atraen a fanáticos de todo el mundo, demostrando una vez más cómo la cultura popular puede convertirse en una poderosa herramienta para inspirar nuevos viajes.

Quizás el mayor encanto de Chicago sea justamente ese: no necesita venderse como la ciudad más famosa de Estados Unidos. Le alcanza con ofrecer una experiencia auténtica, diversa y sorprendente.

Porque muchas veces los mejores destinos no son los que aparecen primero en las listas. Son aquellos que llegan sin hacer demasiado ruido y terminan convirtiéndose en los recuerdos más memorables del viaje.

 

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