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Albania, la joya escondida de Europa

Playas turquesas, historia y precios bajos en uno de los destinos que más crece en Europa.

Durante mucho tiempo, Albania fue prácticamente un territorio desconocido para el turismo internacional. Hoy la historia es muy distinta: el país se está convirtiendo en uno de los destinos más atractivos de los Balcanes, especialmente para quienes buscan playas increíbles, mucha historia y precios todavía relativamente accesibles.

Y hay una razón histórica que ayuda a entender por qué Albania conserva ese aire de descubrimiento.

Durante buena parte de la segunda mitad del siglo XX, el país estuvo gobernado por el régimen comunista de Enver Hoxha y permaneció extraordinariamente aislado del mundo. En 1967, el régimen declaró a Albania un Estado ateo y prohibió la práctica religiosa. Esa etapa de aislamiento terminó recién a comienzos de la década de 1990.

El resultado es un país que, para el viajero, todavía tiene algo de territorio por descubrir.

Un país chico, con muchísimo para ver

Albania tiene una superficie relativamente pequeña y una población que ronda los 2,4 millones de habitantes. Sin embargo, concentra una enorme variedad de paisajes: costa sobre los mares Adriático y Jónico, montañas, lagos, ríos, pueblos históricos y restos arqueológicos.

Y justamente esa combinación es uno de sus grandes atractivos.

La costa es probablemente la imagen que más está ayudando a poner a Albania en el mapa turístico. La llamada Riviera Albanesa reúne playas de aguas transparentes y tonos turquesa, muchas de ellas rodeadas de montañas y todavía menos masificadas que otros destinos populares del Mediterráneo.

Para alguien acostumbrado a viajar por Europa, la sensación puede ser la de estar viendo una versión de Croacia de hace algunos años: paisajes espectaculares, pero con una infraestructura turística que todavía está en pleno desarrollo.

Además, el país sigue siendo relativamente económico para los estándares europeos. En la conversación con los oyentes aparece justamente una de las características que más se repite entre quienes ya viajaron: la posibilidad de comer frente al mar o alojarse sin pagar los precios de otros destinos mediterráneos.

Claro que esa ventaja también tiene una contracara: Albania todavía no está preparada turísticamente de la misma manera que Italia, España o Grecia. La infraestructura está creciendo y la experiencia puede ser algo más rústica. Pero para muchos viajeros, justamente ahí está parte del encanto.

Tirana: una capital que cambió por completo

La capital, Tirana, es otro ejemplo de la transformación del país.

Es una ciudad joven, dinámica y llena de contrastes, donde conviven edificios de diferentes épocas, murales, colores, cafés y espacios al aire libre. En apenas unas décadas pasó de ser una ciudad relativamente pequeña a convertirse en el principal centro urbano del país.

Y tiene una curiosidad que resume bastante bien la historia reciente de Albania: su aeropuerto internacional lleva el nombre de Nënë Tereza, es decir, Madre Teresa.

La religiosa, conocida mundialmente como Madre Teresa de Calcuta, tenía origen albanés. El homenaje resulta particularmente llamativo si se recuerda que, durante el régimen comunista, la religión había sido prohibida.

La Riviera Albanesa

Pero si lo que uno busca es playa, el gran atractivo está hacia el sur.

La Riviera Albanesa concentra algunos de los paisajes costeros más espectaculares del país. Entre los lugares más conocidos aparecen Dhërmi y otras localidades de la costa jónica, con pequeñas calas, aguas cristalinas y montañas que llegan prácticamente hasta el mar.

Y hay otra ventaja: Albania permite combinar fácilmente playa con cultura e historia.

Desde la costa se puede recorrer el país hacia el interior y encontrarse con castillos, pueblos de arquitectura otomana, iglesias, mezquitas y sitios arqueológicos.

Berat y la ciudad de las mil ventanas

Uno de los lugares imprescindibles es Berat, conocida popularmente como la “ciudad de las mil ventanas”.

Su centro histórico conserva una arquitectura característica de la época otomana, con casas construidas sobre las laderas y numerosas ventanas que parecen mirar unas sobre otras.

Berat, junto con Gjirokastra, forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO.

Es uno de esos lugares que permiten entender que Albania no es solamente un destino de playa: su patrimonio histórico es enorme.

Butrinto: una ciudad que atravesó siglos de historia

Y si hablamos de historia, hay un lugar que merece especialmente la visita: Butrinto.

El sitio arqueológico, ubicado en el sur del país, fue primero una colonia griega, después una ciudad romana y posteriormente atravesó diferentes etapas bajo dominio bizantino y veneciano. Hoy conserva restos de diferentes períodos históricos en medio de un paisaje natural excepcional.

Butrinto forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1992 y es uno de los grandes tesoros culturales de Albania.

La sensación al recorrerlo es justamente la que aparecía en la charla: estar caminando por una pequeña ciudad antigua perfectamente integrada con la naturaleza.

Un destino para combinar

Una de las grandes ventajas de Albania es que no necesariamente tiene que ser un viaje exclusivo.

Se puede combinar perfectamente con Grecia o Italia. Desde Italia existen conexiones marítimas hacia Albania, mientras que desde la isla griega de Corfú también es posible llegar fácilmente a la costa albanesa.

Por eso, una opción interesante puede ser dedicarle unos cinco o seis días y sumarlo a un recorrido por Grecia o Italia.

La escala del país también ayuda: no hace falta pasar semanas para conocer sus principales atractivos. Es posible alquilar un auto y recorrer buena parte del territorio, aunque conviene verificar previamente los requisitos de conducción y alquiler que exige cada compañía.

El país de las águilas

Albania también tiene una identidad cultural muy marcada.

El águila es uno de sus grandes símbolos nacionales y aparece incluso en su bandera. Los propios albaneses se identifican muchas veces como “hijos del águila”, una referencia que está profundamente vinculada con su identidad nacional.

Esa identidad se entiende mejor cuando uno conoce su historia: siglos de dominaciones, guerras, aislamiento y transformaciones políticas que terminaron moldeando un país con una personalidad muy particular.

Y hasta la gastronomía refleja esa mezcla.

La cocina albanesa combina influencias mediterráneas, griegas, italianas, otomanas y de otros pueblos de los Balcanes. Es variada, abundante y, todavía hoy, bastante accesible para el bolsillo de un viajero europeo.

¿Por qué Albania ahora?

Quizás esa sea la pregunta más interesante.

Albania ya no es exactamente una “joya escondida”. El turismo está creciendo rápidamente y las estadísticas oficiales muestran un fuerte movimiento de visitantes y un crecimiento sostenido de la actividad turística.

Pero todavía conserva algo que cada vez resulta más difícil encontrar en Europa: la sensación de llegar a un lugar que todavía no fue completamente descubierto.

Playas espectaculares, montañas, pueblos históricos, ruinas griegas y romanas, gastronomía, precios competitivos y una historia reciente que parece increíble.

Quizás por eso, cuando uno escucha hablar de Albania y empieza a mirar fotos, aparece inevitablemente la misma sensación que quedó después de esta charla: “Yo también quiero ir”.

Y probablemente ese sea el mejor indicador de que Albania está dejando de ser una joya escondida para convertirse, definitivamente, en uno de los próximos grandes destinos de Europa.

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