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El nuevo Palladium en Punta Cana

El concepto de «todo incluido» está cambiando. Hoy los viajeros buscan experiencias más personalizadas, mejor gastronomía y servicios pensados para distintos perfiles.

Durante muchos años, elegir un resort en el Caribe era relativamente sencillo. La decisión pasaba por el destino, la playa, la cantidad de piscinas o si el hotel tenía un buen buffet. Pero el viajero cambió. Y, con él, también evolucionó la forma de entender el lujo.

Hoy la diferencia ya no está solamente en la infraestructura. Está en la experiencia.

Las grandes cadenas hoteleras comenzaron a detectar que sus huéspedes buscan mucho más que unas vacaciones de descanso. Quieren sentirse atendidos de forma personalizada, disfrutar de una gastronomía de primer nivel, acceder a espacios exclusivos y vivir experiencias adaptadas a la forma en que viajan.

No es casualidad que muchos complejos estén incorporando nuevos conceptos que segmentan la experiencia. Hay propuestas pensadas exclusivamente para parejas, otras para familias y alternativas intermedias que permiten elevar el nivel de servicio sin perder la esencia del «todo incluido».

La diferencia muchas veces aparece en pequeños detalles que terminan transformando todo el viaje: una piscina exclusiva, sectores privados de playa, un concierge que organiza las actividades diarias o un anfitrión que conoce a la familia por su nombre y resuelve cada necesidad desde el primer día.

Puede parecer un cambio menor, pero responde a una transformación mucho más profunda del turismo. El viajero actual valora cada vez más el tiempo. Si puede evitar filas, reservas complicadas o la incertidumbre de decidir cada comida, lo considera parte del descanso.

La gastronomía es otro de los grandes protagonistas de esta evolución. Atrás quedó la idea de que un resort se resumía a un gran buffet. Hoy los restaurantes de especialidad, las cenas temáticas y las experiencias inmersivas forman parte del viaje tanto como la playa o la piscina. En muchos casos, son incluso uno de los principales motivos para elegir un hotel sobre otro.

Lo interesante es que gran parte de estas mejoras no nacen únicamente desde los escritorios corporativos. Las cadenas internacionales escuchan cada vez más a sus huéspedes. Encuestas, sugerencias y hábitos de consumo permiten detectar qué funciona, qué dejó de interesar y qué nuevas experiencias vale la pena desarrollar. Así surgieron propuestas de entretenimiento más ambiciosas y espacios pensados para distintos públicos, desde espectáculos de nivel internacional hasta experiencias familiares que combinan gastronomía y tecnología.

Esta evolución también demuestra que el concepto de lujo está cambiando. Ya no se trata solamente de habitaciones más grandes o instalaciones más modernas. El verdadero diferencial está en lograr que cada huésped sienta que el hotel fue pensado para la forma en que le gusta viajar.

Porque, al final, las mejores vacaciones no siempre son las que ofrecen más servicios. Son las que consiguen que uno se olvide de organizar, planificar o resolver problemas y simplemente se dedique a disfrutar.

Y quizás esa sea la mayor transformación del turismo actual: descubrir que el lujo ya no consiste en tener más cosas, sino en vivir mejores experiencias.

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